Hay veces en las que parece que es más fácil dejar que te atrape el monstruo que habita debajo de tu cama, que huir de él.
Es más fácil mirar hacía abajo y saltar que no ver, quedarte con la duda de cuánto es la altura, y saltar.
Hay momentos en los que no sabemos cómo terminar lo que iniciamos. Si el comienzo está mal y tenemos que cambiar todo para que concuerde con el final, tendríamos que rescribir una historia completa.
Es imposible no sentir dolor. Puede que nos atraviesen con una espada y no sintamos nada, pero no pueden atravesar con una espada a alguien que amamos y no sentir nada al respecto.
¿Quién en una pelea gana, una persona que no sabe pelear, pero es tranquilo o una persona que sabe pelear, pero es un ejemplo? El tranquilo quedará noqueado en cuestión de segundos, tendrá heridas y quedará como débil ante los demás. El ejemplo terminará de golpear al tranquilo y terminará con más furia de con la que empezó, pero todos lo mirarán y verán quién es en realidad. "Ese era mi ejemplo" dirán algunos. Y esas miradas de decepción lo perseguirán por más tiempo del que tardar de sanar las heridas del tranquilo. Puede aguantar todo el día esas miradas, pero al caer la noche, y al recostarse en su cama bajo la oscuridad, ahí estarán también viéndolo, recordando lo que hizo. Entonces, ya estando solo revela su verdadero él: respira, le grita a su almohada, sierra y abre los puños tratando de tranquilizarse, llora un poco. El miedo, la ira, la culpa, miles de sentimientos lo corroen al mismo tiempo. Dime ¿Quién gana la pelea, el tranquilo o el ejemplo?
No tenemos la habilidad de dejar de recordar voluntariamente, y esos recuerdo, sean buenos o malos volverán a ti haciendo que se te forje tu nuevo tú.
Espero que tus recuerdos sean tranquilos.
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